LETRAS DE...

LA TEMPESTAD

Monólogo: "La lluvia ha cesado"
Romanza: "Salve, costa de Bretaña"
Dúo: "Ángela mía, mi dulce encanto"
Terceto: "Diamantes brasileños"
Balada Fantástica: "¡Din, don!"
Romanza: "Con él mi esperanza va"

 

 

Monólogo: "La lluvia ha cesado"
(Simón)

Simón
La lluvia ha cesado,
aléjase el trueno;
el cielo nublado
se torna sereno.
Pasó la tormenta,
la mar está en calma:
¿por qué tan violenta
se agita mi alma?

¿Por qué, por qué? ¡ay de mi!
eternamente ruje
la tempestad aquí?

La luz de los relámpagos,
que rápida fulgura
con resplandor fatídico
me llena de pavura,
y escucho de la víctima
los ayes exhalar
del aire entre las ráfagas
que gimen al pasar.

Hirviente se alza indómito
el mar embravecido,
suspenso deja el ánimo
su aterrador mugido.
¡Y el trueno derrumbándose,
me dice desde allí
que Dios su justa cólera
desata contra mí!

Ya el trueno apagado
más lejos resuena;
el viento ha callado,
la mar se serena.
Volvió la alegría;
renace la calma,
lo mismo que el día
serénese el alma.

¿Por qué, por qué temblar?
El cielo está sin nubes,
azul está la mar.
¿Por qué temblar? etc.

 

 

 

Romanza: "Salve, costa Bretaña"
(Beltrán)

Beltrán
Salve,
Salve, costa de Bretaña,
donde nací;
hoy dejando tierra extraña,
llego hasta tí.
Salve, asilo venturoso
de mi niñez,
anhelando tu reposo
vuelvo otra vez.

De tí muy lejos
hallé la suerte,
mas siempre ansiaba,
volver á verte.
Y aun cuando ingrata
fuiste conmigo,
costa querida,
yo te bendigo;
que hoy al posar de nuevo
mi pie sobre ti,
la juventud parece
volver á mí.

Escuchando el rumor de ese mar
que amoroso mi cuna meció,
siento dulces del alma brotar
los recuerdos que avara guardó.

De aquel tiempo que rápido fué
y llevó la ilusión tras de sí,
el encanto de nuevo hallaré
recordando las horas aquí.

Tranquilo el pecho
ya no suspira,
que el aire patrio
con gozo aspira,
y aunque tú ingrata
fuiste conmigo,
costa risueña,
yo te bendigo;
que hoy al poner de nuevo
mi pie sobre tí,
la juventud parece
volver á mí.

 

 

 

Dúo: "Ángela mía, mi dulce encanto"
(Ángela y Roberto)

Rob. ¡Angela mía,
mi dulce encanto!

Ang. ¿por qué, Roberto,
te quiero tanto?

Rob. Tú eres mi vida.

Ang. Tú mi tesoro.

Rob. ¡Cuánto te quiero!

Ang. ¡Cuánto te adoro!

Rob. ¡Tú no me quieres
como yo á ti!

Ang. ¡Ay! ¡Demasiado
sabes que sí¡

Por Dios, no venga el viejo.

Rob. No viene, no.
Y si viene le digo que te adoro
y se acabó.

¿Cuándo, dulce paloma,
lucirá el día
en que pueda llamarte
esposa Mía?

Ang. ¡Cuándo será el momento
tan venturosos
en que llamarte pueda
querido esposo!

Rob. ¡Porque ello al cabo,
hemos de ser,
yo tu marido,
tú mi mujer.

Ang. Pues si ello tiene
que suceder,
que sea lo antes
que pueda ser.

Los dos. Cuando eso llegue
á suceder,
¡oh, qué dichosos
podremos ser!

Ang. Cuando en las noches del estío
azul y blanca esté la mar,
juntos iremos, dueño mío,
á navegar.
Allí, en alegres barcarolas,
cantar podremos nuestro amor,
entre el arrullo de las olas,
halagador.

Rob. ¡Con cuánto afán que llegue ansío
el dulce instante en que cruzar,
preso en tus brazos, angel mío,
la verde mar!
Yo escucharé tus barcarolas,
alegre cántico de amor,
entre el arrullo de las olas
murmurador.

Ang. ¡Solos, en medio
del ancho mar,
qué dulces noches
se pasarán!

Rob. Cuando te lleve
sobre la mar,
¡oh! ¡qué orgullosa
mi barca irá!

¡Tú con un remo,
con otro yo,
así abrazados
bogar los dos.

Los dos. Tú con un remo etc.

 

 

 

Terceto: "Diamantes brasileños"
(Beltrán, Ángela y Roberto)

Bel. Diamantes brasileños
tan claros como el sol,
te ofrezco, hermosa niña,
en cariñoso don.
Del fondo de la tierra
mi mano los sacó;
que adorne tu hermosura
su mágico fulgor.

Ang. ¡Oh, qué lindas joyas¡
¡Causa admiración!
¡Dignas de una reina
tales piedras son!

Bel. Póntelas, y en este
diáfano cristal,
todos tus encantos
puedes admirar.

Rob. ¡Sois muy generoso!

Ang. Gracias mil os doy.

Rob. Deja, que yo mismo
a adornarte voy.

Ang. Como gotas de fresno rocío
que adornan temblando
la cándida flor,
estas piedras sobre el pecho mío
se agitan brillando
con limpio fulgor.

¡En su seno la luz juguetea
con lindos cambiantes
que trueca al azar,
y parece que el sol se recrea
mil chispas radiantes
haciendo brotar!

Bel. y Rob. Aunque de su rostro,
fiel ese cristal
todos los encantos
sepa reflejar,
en su hermosa imagen
faltará calor;
viéndose en mis ojos
se verá mejor.

Bel. Tiene el jovencillo
celos del cristal
que de su adorada
copia así la faz.
Y á la vez risueño
piensa con amor
que en sus negros ojos
se verá mejor.

Rob. Aunque de tu rostro, etc.
Mírate en mis ojos,
te verás mejor.

Ang. Yo por tí desprecio
este fiel cristal,
y cuando mi rostro
quiera contemplar,
como tu mirada
llena está de amor,
siempre en esos ojos
me veré mejor.

 

 

 

Balada Fantástica: "¡Din, don!"
(Simón)

Simón
¡Din, don!
¡Din, dan!
Alegres las campanas
repica el sacristan.
¡Din, don!
¡Din, dan!
La novia es una perla
y el novio es muy galán.

El cura los bendice,
colmando así su afán.
¡Din, don!
¡Din, dan!
Ya salen de la iglesia,
¡qué alegres todos van!
¡Din, don!
¡Din, dan!

Los dos recién casados,
huyendo de la gente,
dirigense á la mar,
la pálida neblina
envuelve, pudorosa,
la nave donde van.

De pronto el mar sereno
desátase iracundo,
y el viento se hace oir;
y á un golpe de las olas,
la novia, arrebatada,
desaparece allí.

Tras ella, audaz el novio,
se lanza al mar bravío,
y al fondo juntos van;
y allí los dos se estrechan ...
¡qué triste es el abrazo
primero que se dan!

¡Din, don!
¡Din, dan!
Mañana las campanas
por ellos doblarán.
¡Din, don!
¡Din, dan!
Sus cuerpos á la arena
las olas echarán.
¡Din, don!
¡Din, dan!

 

 

 

Romanza: "Con él mi esperanza va"
(Ángela)

Angela
Con él mi esperanza va;
temblando le espero aquí;
¡sabe Dios si volverá,
triste de mí!

Inquieta el alma mía
y llena de amargura,
las horas de ventura
recuerda en su aflicción;
ayer todo alegría,
hoy luto, llanto y duelo;
¡qué horrible desconsuelo
anubla el corazón!

Mis esperanzas seductoras
ayer risueña concebí;
horas de paz, benditas horas,
¡cuán breves fueron para mi!

Llorando el bien perdido
y en sombras inundada
el alma perturbada
por loca agitación
anhela del olvido
la fuente hallar tranquila,
mas ya su fe vacila
y pierde la razón.

Dardo cruel, punzante duda
el pecho hiere sin piedad;
¡celeste luz, ven en mi ayuda!
¡Brilla, por fin, santa verdad!