LETRAS DE...

MOLINOS DE VIENTO

Coro: "Dejadnos paso franco"
Canción y Coro: "En nombre de mi jefe"
Quinteto: "Las misivas de diario"
Dúo y Serenata: "Mis ojos al ver los tuyos"
Dúo: "Tralarara... por fin vencí"
Concertante: "Atrás, miserable"
Concertante: "En la fuente de cariño"
Terceto: "No te alejes, Margot de mi lado"
Concertante: "¡Capitán, capitán! todo duerme"

 

 

Coro: "Dejadnos paso franco "
(Stok y Aldeanos)

Aldeanas. Dejadnos paso franco,
que vamos a pasar.

Hombres. Inútil tal empeño,
pues nadie pasará.

Aldeanas. Debemos rendir homenaje
al bravo capitán.

Hombres. Está muy ocupado
con la oficialidad.

Aldeanas. No tal.

Hombres. Si tal.

Aldeanas. Dejadnos ya pasar.

Hombres. Ninguna pasará.

Stok. Muchachas, muchachos.
¿Qué ocurre, que hacéis?

Ellos. Son ellas.

Ellas. Son ellos.

Stok. Callad de una vez
sepamos la causa.

Todos. Escúchela usted.

Stok. Primero las chicas,
los hombres después.

Ellas. Desde que en buena hora
encalló en la playa
el yate de recreo
que el Príncipe manda,
todas las mujeres,
con nuestros cuidados,
a los marineros
pusimos en salvo.
Y hoy agradecidos
a las atenciones,
ellos nos regalan,
nos colman de dones,
y reina el contento
por primera vez,
y en cambio los mozos
no nos pueden ver.

Ellos. Desde que en mal hora
encalló en la playa
el yate de recreo
que el Príncipe manda,
todas las mujeres
nos abandonaron,
y a los marineros
dieron sus cuidados.
Y hoy está la aldea
toda desquiciada,
porque las mujeres
están por la Armada
sirviendo sus juegos
con mucho interés,
y en cambio a los mozos
no nos quieren ver.

Ellas. Diga usté que no.

Ellos. Diga usté que sí.

Ellas. Los marineros, atentos y finos,
son mejores que los que hay aquí.

Ellos. Diga usté que no.

Ellas. Diga usté que sí.

Ellos. Los marineros, atentos y finos,
son mejores que los que hay aquí.

Ellas. Por eso queremos al Príncipe ver,
y darle las gracias por su protección.

Ellos. Por ver a los otros querían entrar
a darles un rato de conversación.

Ellas. Diga usté que no.

Ellos. Diga usté que sí.

Todos. Los marinos, atentos y finos,
son mejores, sí.

Aldeanas. Son mejores.

Aldeanos. Son iguales.

Aldeanas. Son mejores.

Aldeanos. Son iguales.

Aldeanas. Son mejores que los que hay aquí.

Aldeanos. Son iguales que los que hay aquí.

 

 

 

Canción y Coro: "En nombre de mi jefe"
(Stok y Aldeanos)

Stok. En nombre de mi jefe
os debo yo decir
que estando ya curados
y a punto de partir,
en pago a los afanes
y a la hospitalidad
con dádivas y fiestas
os piensa regalar.

Ellas. Díganos, señor Cabo,
si el Príncipe real
es un hombre le mismo
que son los demás.

Stok. Al punto las dudas
las aclararé,
y quién es el Príncipe
lo vais a saber.

El Príncipe heredero
de una corona real
es de la Armada inglesa
un bravo capitán.
Corriendo por los mares
en viaje de instrucción,
llevamos cuatro años
metidos en un yate.
En todo ese tiempo
yo os puedo decir
que no he visto un hombre
tan bueno y gentil.
Con grandes y chicos
está tan jovial
que más de una alteza
resulta un igual.

En cuanto a otras cosas
de mi Capitán
es un hombre en todo
como los demás.

Coro. En cuanto a otras cosas
de su Capitán
es un hombre en todo
como los demás, como los demás.

Tranlaranlarara, tranlaranlarara ... etc.
¡Hurra por nuestro bravo capitán!

Stok. ¡Qué viva el Capitán!
Que es grande su bondad,
viva el Capitán.

 

 

 

Quinteto: "Las misivas de diario"
(Stok y Tenientes)

Tenientes. Las misivas de diario
no se cansan de escribir,
si ellas no recogen velas
no sé lo que va a ocurrir.

Stok. Una carta de mi fiera,
¿qué demonios me dirá?
Como insista en su mania
yo hago una barbaridad.

(Abren la carta y se ponen a leerla)

Tenientes. "Dueño mío, Te quiero ver."
Ja, ja, ja.

Stok. "Me has dejado en un sopor
la languidez."
Ja, ja, ja.

Todos. "Yo te ruego
que vengas luego,
para verte ya otra vez."

Teniente. "En mi pecho has encendido
una pasión." Ja, ja, ja.

Stok. "Si no vienes voy a dar
un reventón." Ja, ja, ja.

Todos: "Mi tesoro,
yo te adoro;
tuya siempre ..."

Teniente 1. Rosa

Teniente 2. Ketty

Teniente 3. Lola

Teniente 4. Mary

Stok. Sabi

Todos. De mí corazón.
La mujer es peligrosa para amar,
cuando siente la volcánica pasión,
su deseo es agradar
y después matrimoniar,
y nosotros no caeremos
en la tentación.
Falta el final
que siempre es fatal;
volveremos a leer ...
"no faltes a las diez."

Stok. Es la pesadez.

(Rompe la carta y la tira)

Los cuatro. Te juro que iré.

(Estos se guardan la carta)

 

 

 

Dúo y Serenata: "Mis ojos al ver los tuyos"
(Alberto y Romo)

Romo. ¿Y qué canto?

Alberto. Buena es ésa,
lo que diga
tu ilusión,
tus quereres,
tu agonía,
tus amores,
tu pasión.

Romo. Dice tanto, pero ahora
no me deja la emoción,
y además me late mucho,
mucho, mucho el corazón.
Como nunca tuve novia
la costumbre no la sé,
y el temor me sobrecoge,
coge, coge hasta la nuez.
Si es lo mismo lo dejamos
para mejor ocasión,
porque siento tal angustia
que domina mi pasión.
Y además me late mucho,
mucho el corazón.

Alberto. Ha de ser ahora
sin más dilación.

Romo. Déjame que piense
la improvisación.
Siento en mí no sé qué cosa,
siento lo que tú no sientes,
siento que no salgas pronto
y siento que te molestes.
Yo ya he terminado
y ella no salió.

Alberto. Verás tú la copla
que diría yo.

Mis ojos al ver los tuyos
cegaron con tus reflejos,
no veo, más si te miro
a los ojos veo el cielo.
¡Qué tienes en la mirada,
niña de los ojos bellos,
que sus rayos iluminan
amorosos pensamientos!
Tu mirada, tu mirada dice amores,
caricias, chocar de besos,
esperanzas, esperanzas y alegrías,
ternuras, dichas y ensueños.
¡Qué tienes en la mirada,
niña de los ojos bellos!
¡Qué tienes en la mirada,
que levantas ese fuego, de amor ...!

 

 

 

Dúo: Tralarara... por fin vencí"
(Margarita y Romo)

Margarita. Tralarara, tralarara etc.

Romo. Tralarara, tralarara etc.

Los dos. Por fin vencí.
Tal emoción nunca sentí;
mi suerte está cifrada aquí,
con la ansiedad de la ilusión,
late aún más fuerte mi corazón.

Margarita. Qué me dirá, pobre de mí,
mi suerte está cifrada aquí. (lee)

Romo. Qué pensara, pobre de mí,
mi suerte esta cifrada aquí.

Margarita. "Yo he pasado la vida en un sueño
y mi sueño me hablaba de amor
y mi amor fue una imagen divina,
y la imagen tu forma tomó.
Todo el culto que mi alma sentía
como ofrenda lo puse en tu altar,
y mis preces de amor se elevaron
hasta ti, criatura sin par.
Aquello fue
lo que soñé
toda una vida
de ansiedad,
me desperté,
te vi y no sé
si aún eres sueño
o realidad.
Dios mío, ¿qué quiere
decir esta carta?

Romo. Margot, eso dice ...
¡las fuerzas me faltan!

Margarita. Contesta.

Romo. Que un hombre
te pide su amor.

Margarita. ¿Me quiere?

Romo. Con ansias.
¿Y tú?

Margarita. También yo.
¡Oh!, qué extraño sentimiento
de esperanza y alegría
se desborda de mis sentidos
y recorre el alma mía.
Esta carta me descubre
los secretos del amor,
late aprisa muy deprisa,
late, late, corazón.

Romo. Yo no sé lo que me pasa
que me muero de contento,
y, al mirarla, un hormiguillo
me recorre todo el cuerpo.
Yo no sé si es la alegría,
Yo no sé si es el amor,
late, late muy deprisa,
late, late, corazón.

Los dos. Late, late, corazón,
late, late, corazón,
late, late, corazón etc.

Margarita. "Yo he pasado la vida en un sueño
y mi sueño me hablaba de amor,
y mi amor fue una imagen divina,
y la imagen tu forma tomó."

Margarita. (hablado) ¡Una declaración de amor!

Romo. ¡Sí de amor!

Margarita. ¡Que bella!

Romo. ¡Sí, como tú, bella,
porque va en esa carta
el sentir de un hombre,
mucho más el amor,
el amor de toda una vida.

 

 

 

Concertante: "Atrás, miserable"
(Alberto, Margarita, Romo y Coro)

Alberto. Atrás, miserable,
quien ose avanzar
mi empuje y mi espada
sabrán rechazar.
Y tú, bella niña,
no temas por ti,
que ya no estás sola
teniéndome aquí.

Margarita. Señor. (Ya a sus brazos)

Alberto. Margarita.

Todos. ¡La abraza!

Romo. Traición,
los dos me engañaban.
Amigos, valor,
a ver compañeros
que yo estoy aquí,
¡venganza!

Todos. ¡Venganza!

Margarita. Marchemos de aquí.

Alberto. No temas por ti.
Por mi fe de caballero,
de mi estirpe y mi blasón,
yo te juro bella niña,
que seré tu protector.
Los agravios que te han hecho,
yo no puedo consentir,
y en ausencia de tu novio
yo seré tu paladín.

Margarita. Agradezco con el alma
vuestra noble protección,
mas no quiero que a los hombres
les prestéis conversación.
Los agravios que me han hecho
no me pueden herir,
y el desprecio solamente
llevarán siempre de mí.

Coro. Por su fe de caballero,
de su estirpe y su blasón,
ha jurado a Margarita
que será su protector.
Tan estúpida arrogancia
no debemos consentir
y sin dar explicaciones
no podrá salir de aquí.

Alberto. Yo, en nombre del novio
que tiene Margot,
exijo aquí cuentas.

Romo. Pues esto es peor.

Margarita. Mi novio.

Coro. ¿Su novio?
Decidnos ¿quién es?

Romo. En este momento
descubre el pastel.

Coro. Margot nos decía
que vos le escribisteis.

Alberto. La carta es de Romo,
pidiéndole amor.
Si Romo lo quiere,
yo a Romo protejo.

Coro. ¿Pero es eso cierto?

Romo. Muy cierto.

Coro. ¡Ah, traidor!
Luego tú nos engañaste.

Romo. Poco a poco compañeros,
lo acordado lo cumplí.

Coro. ¿Y la carta que escribiste
rebajándote a Margot,
a pesar de lo acordado
nos revela tu traición?

Margarita. (Al Alberto) ¿No era vuestra?

Alberto. Era de Romo.

Margarita. ¡Oh, cruel desilusión!

Coro. (Golpeando a Romo)
¡Infame, traidor!
Pagarás tu merecido
por traidor y desleal.

Romo. Que me hacéis bastante daño,
no dar fuerte por favor.

Coro. Infame, canalla,
infame traidor.

Romo. Dejad que me explique,
hacedme el favor.

Alberto. ¡Cobarde!

Margarita. No ha sido él quien
me escribió.
¡Oh, qué cruel desilusión!
Yo muero, yo muero,
no puede mas, no puede mas,

(Se desmaya en los brazos del Alberto)

Alberto. ¡Margot!
Qué bella está.
La imagen es
de aquel ensueño que forjé.
¿Por que te vi,
si al despertar
aquel ensueño de amor
no he de lograr?

 

 

 

Concertante: "En la fuente de cariño"
(Todos)

Coro. En la fuente de cariño
nos pusimos a beber,
y hoy la fuente ya no corre
la dejamos seca ayer.

(Tenor interno). Niña, nunca bebas
agua del amor,
cuando más trasiegues
mucho más ardor.
Y la sed de amores
no es al empezar,
es cuando no tienes
agua que tomar.

Margarita. Amor. ¿Qué cosa es amor,
que aun no he podido saber?
Si el amor no es vivir,
amor debo yo tener.

"He pasado la vida en un sueño,
y mi sueño me hablaba de amor,
y mi amor fue una imagen divina,
y la imagen tu forma tomó."

Romo. Llorando, miradla.

Alberto. Silencio, por Dios,
ocúltate en tanto
que a hablarle ahora voy.

Romo. Decidia lo grande
que siento el amor
y los berrinchines
que pasando estoy.
Si ahora no se ablanda
con mi protector,
la cosa se pone
de mal en peor. (mutis)

Alberto. Mi Margot.

Margarita. Capitán.

 

 

 

Terceto: "No te alejes, Margot de mi lado"


Alberto. No te alejes, Margot de mi lado,
ni me culpes de nada, Margot.
Si tú sufres y penas y lloras,
sufro y lloro tu mismo dolor.

Margarita. ¡Oh, callad! Por favor
no os comprendo,
ni adivino tanta maldad;
ya que sufre, que pene y llore,
respetad mi dolor, Capitán.

Alberto. ¿Qué ocultabas?

Margarita. ¿Qué? Una prueba
de su burla y mi dolor.

Alberto. Esa carta es testimonio
de un ardiente y puro amor.

Margarita. El de Romo.

Alberto. No, el de un hombre
que teniendo corazón,
cumplir tuvo antes con otra
la palabra que le dio.

Margarita. ¡Hablad claro, hablad claro
y terminad!

Alberto. Si no puedo más, Margot.

Margarita. Ya comprendo, Romo fue
a pedimos protección.

Alberto. Y por gratitud la di
y por gratitud te amé
y hoy te quiero mucho más,
hoy que ya no puede ser.

Margarita. Alberto.

Alberto. Pronuncia mi nombre otra vez.

Margarita. Mi Alberto, mi Alberto.

Alberto. Sí; tu Alberto.

Margarita. Sí; mío has de ser.

Romo. (aparece)
Demonio, qué a tiempo
ya la convenció,
más de esa manera
no quería yo.
Yo debo advertirles
que ya estoy aquí
y que estos abrazos
eran para mí.

Alberto. Ven Margot, el amor de mi sueño.

Margarita. El amor de tus sueños.

Alberto. Ven, amor de mi sueño.

Los dos. Yo he pasado la vida en un sueno.
Y mi sueño me hablaba de amor
y mi amor fue una imagen divina,
y la imagen tu forma tomó.
Todo el culto que mi alma sentía
como ofrenda lo puse en tu altar,
y mis preces de amor se elevaron
hasta ti, criatura sin par.

Coro. Niña, nunca bebas
agua del amor,
cuando más trasiegues
mucho más ardor.
Y la sed de amores,
no es al empezar,
es cuando, no tienes
agua que tomar.

Alberto. Margot de mí alma.

Margarita. Mi Alberto
yo ansío morir de amor.

Margarita y Alberto. Morir de amor.

Coro. Niña nunca bebas
agua del amor ...

 

 

 

Concertante: "¡Capitán, capitán! todo duerme"


Stok. ¡Capitán, capitán!
Todo duerme.
El momento llego, Capitán.

Alberto. ¡No te he visto ninguno?

Stok. Ninguno.

Alberto. ¿Y los nuestros?

Stok. A bordo ya están.
Las calderas están encendidas
y la gente dispuesta a partir.

Alberto. Yo falto, ¿verdad?
Qué dirá Margarita mañana
de mi extraño y falaz proceder.

Stok. ¿Por qué os vais sin decirla ni pío?
Porque os vais y la hicistéis creer.

Alberto. Porque soy un cobarde que huye.

Stok. Eso, nunca, perdón, Capitán,
es cobarde quien mancha y ultraja
y huye luego logrado su afán.
Es cobarde quien d a un una promesa
y después no la quiere cumplir,
y después no la quiere cumplir,
vos a Romo le distéis palabra
de no ver a Margot y salir.

Alberto. Dices bien, Cabo Stok,
yo te juro por mi honra,
que fue sueño de amor,
respetar lo pactado con Romo,
aunque muera después de dolor.
Vamos, pues.

Mi Margot, sacrifico
el amor que soñó mi ideal.
Has podido ser mía y no quise
corromper tu candor virginal.
Si las gentes y Romo y tú misma
juzgáis mal que sólo es amor,
perdonadme que me marcho vencido,
respetadme que soy soñador.

Mis ojos, al ver los tuyos;
cegaron con sus reflejos;
no veo, mas si te miro
a los ojos veo el cielo.
¿Qué tienes en la mirada,
niña de los ojos bellos,
qué tienes en la mirada
que levantas ese fuego de amor? (mutis)

(Hablado)

Margarita. ¡Alberto, Alberto!
Saltó por la ventana. ¡Alberto!

Romo. ¿Dónde vas?

Margarita. ¡Romo! déjame.

Romo. Detente. ¿Tan ciega estás,
que no ves que huye como un ladrón.

Margarita. ¿Qué dices?

Romo. Como un ladrón
que me robó tu cariño
y a ti el sosiego.

Margarita. Eso no puede ser.

Romo. Y huye.

Margarita. He de buscarle.

Romo. Eso no, Margarita.

Margarita. ¿Quién me lo impedirá?

Romo. Si no fuese yo bastante,
la razón.
Yo también tuve un sueño
como ese Príncipe y como tú;
y al despertar conocí
la amargura del desengaño.
No me querías,
y tuve que resignarme
por la fuerza de la razón,
despierta tú también
y resígnate, el Príncipe
no te quiere.

Margarita. ¡Romo!

Romo. No te quiere,
porque su sueño le lleva lejos,
muy lejos de nosotros,
a palacios encantados,
quién sabe si su despertar
será tan amargo
como el nuestro.

Margarita. Pero eso no puede ser.

Romo. Pobre Margarita.
¿No ves los molinos de viento?
Pues así somos nosotros,
las aspas giran del lado
que las impulsa el aire,
lo mismo hace el amor,
el mío fue a ti,
el tuyo al Príncipe,
y el del Príncipe, ¿quién sabe?
Un viento lo trajo
y otro se lo lleva.

Margarita. Calla.

Romo. Y los tres desgraciados.

Margarita. ¿Por qué soñé con el amor?

Romo. ¿Por qué? ¿Por qué habré despertado?

Alberto. (dentro) Yo he pasado la vida en un sueño
y mi sueño me hablaba de amor,
y mi amor fue una imagen diviné
y la imagen tu forma tomó.

(Romo y Margarita quedan llorando)