Tom. / Ros. ¡Oh, ya está ahí!
Bru. ¡Ya estoy aquí!
Cual siempre a tu llamada
solícita acudí.
¿Qué quieres? Dí.
Leo. ¡Ah, perdonad!
No os llamé yo.
Bru. El son de tu bocina
el viento a mí llevó.
¿Quién me llamó?
Leo. Un mozo, cuya audacia
castigaré.
Bru. ¿Que es esto? ¿No estás solo?
Tom. ¡Ay, Dios! ¿Qué haré?
¡Perdón, yo fui
quién os llamó!
Bru. ¿Quién eres tu?
Tom. ¡Pues yo - soy yo!
Bru. ¡Je, je! ¡Je, je!
Ya sé, ya sé.
Leo. Tanta osadía
castigaré!
Bru. ¡No, déjale!
Esta tarde en el campo,
me hiciste un favor
y yo quiero pagarte
con otro mayor.
Cuando tu me has llamado
por algo será.
¿Qué deseas? ¿Qué pides?
Vamos, dilo ya.
Tom. (Como tu no me ayudes
nada le diré.)
Ros. (Pues yo estoy que no puedo
ni tenerme en pie.)
Bru. Nunca a nadie hice daño,
no tembleis así.
¿A qué viene ese miedo?
¿Qué queréis de mi?
Tom. (Basta ya de temores
y vacilación.)
Pues queremos, señora,
vuestra protección.
Ros. Por favor, concedednos
vuestra protección.
Bru. Dí si son dignos de ella.
Leo. Cierto que lo son.
Bru. ¿Para que necesitan
de mi protección?
Tom. / Ros. Por favor, concedednos
vuestra protección.
Tom. Soy un pastor de ovejas
muy desgraciado,
y estoy de esta muchacha
enamorado.
Mas como soy tan pobre,
su madre fiera
me ha dicho que no quiere
que yo la quiera.
Y aunque suplico y lloro,
dice que nones,
si no doto a la novia
en cien doblones.
Ciento lo menos pide,
¡válgame Dios!
como éste que esta tarde
me disteis vos.
Bru. / Leo. ¡Válgate Dios!
Tom. / Ros. ¡Válgame Dios!
Tom. Vos que tenéis ungüentos
para mil cosas,
y polvos que hacen curas
maravillosas,
¡por Dios, señora bruja,
dadnos un unto,
que el pecho de las suegras
ablande al punto!
Porque si no permite
que nos casemos,
esta y yo de tristeza
nos moriremos.
Si la madre no cede,
¡Válgame Dios!
que el entierro nos preparen
para los dos.
Bru. / Leo. ¡Válgate Dios!
Tom. / Ros. ¡Válgame Dios!
Bru. Yo un talismán poseo
y te lo voy a dar,
que ablanda, cual ninguno,
pechos de pedernal.
Tom. ¿De veras?
Bru. Si; no hay otro
conque se logre más.
Al golpe de mi báculo
le vais a ver brotar.
¿Cifrais en cien doblones
vuestra felicidad?
Pues bien, en esta bolsa
tenéis algunos más.
(Da en el suelo un golpe con el báculo
y cae un bolsón)
Tom. ¡Oh, qué decís!
Bru. ¡Cógelo ya!
Tom. ¡Soñando estoy!
Bru. No; que es verdad.
Tom. ¿Y es para mí?
Bru. ¡Pues claro está!
Tom. ¡Y es oro, ve!
Leo. (¡Cuánta bondad!)
Bru. Yo, desgraciadamente,
no puedo por mi edad;
mas ya que no me case,
¡cásense los demás!
Tom. No es bruja, es un santa,
debemos la adorar.
Tom. / Ros. A vuestros pies de hinojos -
Bru. ¡Muchachos, leventad!
Ros. ¡Tomillo!
Tom. ¡Rosalía!
Lo cierto es que me dan
deseos de reír
y ganas de llorar.
Bru. El oro siempre ha sido
soberbio talismán;
no hay magia en este mundo
con que se alcance más.
¡Dichoso el que lo tiene
sabiéndolo emplear,
y pródigo lo siembra
en bien de los demás!
Leo. (¡Se ve en los hondos surcos
de su arrugada faz,
un resto de hermosura
que aumenta su bondad!)
Tom. (¡No sé lo que me pasa,
no sé lo que me da.
¡Señor, so esto es un sueño
no quiero despertar!)
Ros. (Si es el creer en brujas
un pecado mortal,
de fijo, de esta hecha,
me voy a condenar.) |