LETRAS DE...

LA BRUJA

Dúo de Leonardo y Blanca
Jota (Leonardo y Coro)
Relato de aparición (Leonardo y Tomillo)
Cuarteto (La bruja, Leonardo, Tomillo y Rosalía)

 

 

Dúo de Leonardo y Blanca
(Leonardo y Blanca, la bruja)

Bla. ¡Así, así te quiero yo!
Mi corazón no me engañó.
Leo. ¡Confía en mí, no dudes más,
tu juventud recobrarás!
Fortuna, gloria y nombre
por ti he de conquistar.
Bla. Laureles mil te ofrece
la vida militar.
Leo. Luchando por la patria
tu dicha lograré.
Bla. La alcanzarás si tienes,
amor, constancia y fe.
¡Sí los tendré!

Bla. Hoy luchan en Italia
las armas españolas;
la guerra allí te brinda
honor, fortuna y gloria.
Un general invicto,
el duque de Saboya,
Las españolas huestes
conduce a la victoria.
Con este anillo sólo ...
que al duque mostrarás,
en sus gloriosas filas
un puesto lograrás.
Y si combates con valor
serás el dueño de mi amor.
Allí luchando con valor,
digno me haré de tanto honor.

Leo. Será este anillo el talismán
conque se logre mi hondo afán.
Bla. Tanto como ese talismán
tus propios hechos te valdrán.
Leo. Mañana mismo partiré.
Bla. Yo aquí tu vuelta esperaré.
Leo. Adiós risueños campos,
que nunca abandoné;
adiós feraz ribera
donde morir pensé.
Adiós, mi humilde casa;
adiós tranquilo hogar;
sin nombre y sin fortuna
no me veréis tornar.
Adiós etc.

Bla. Sí volverás, que tienes fe;
yo aquí tu vuelta esperaré.
Leo. ¡Sí, volveré!
Bla. (¡Cuánto me halaga el verle así
buscando gloria para mí!
¡Un hombre así soñaba yo;
mi corazón no me engaño!)
Leo. Me veo ya logrando allí
honor y gloria para ti.
Confía en mí, no dudes, no;
tu corazón no se engaño.
Allí luchando con valor etc.

 

 

 

Jota
(Leonardo y Coro)

Leo. No extrañéis, no, que se escapen
suspiros de mi garganta,
la jota es alegre ó triste
según está quien la canta.

¡Ay, canto alegre de mi país,
tal vez ya nunca te vuelva á oir;
pero si acaso no te oigo más,
siempre en el alma resonarás!

Todos. Esta es la jota de mi país,
que á todas horas me gusta oir;
sigue con ella y ya verás;
al fin y al cabo te alegrarás.

Leo. Como los pájaros cantan
las penas de sus amores,
así canto yo la jota
para aliviar mis dolores

Ay! canto alegre de mi país etc.

Todos. Esta es la jota de mi país etc.

 

 

 

Relato de aparición
(Leo
nardo y Tomillo)


Leo. En una noche plácida
del ardoroso estío,
y al pie de un sauce lánguido
que presta sombra al río,
tranquilo yo aguardaba,
durmiendo en la ribera,
del día ya cercano
la dulce luz primera.
De pronto me despierto
y miro allí asombrado
que una mujer bellísima
cruzaba el río a nado.

Envuelta en blanca túnica
que apenas la cubría,
a mis pasmados ojos
la hermosa se ofrecía.
Su espalda tersa y pura
de blanco mármol era;
caía en sueltas hondas
la rubia caballera:
y al sostenerla a flote
con su corriente fría,
en torno acariciarla
el agua parecía.
Yo absorto contemplándola
suspenso me quedé
y cono mirada atónita
sus formas admiré.

Tom. Pues si yo estoy allí,
aunque no sé nadar,
me zambullo de fijo en el agua
sin vacilar.

Leo. De mi estupor saliendo
me adelante imprudente
y ella asustada entonces
hundióse en la corriente.
Me lanzo al agua loco
dispuesto a perseguilla
y aparecer la veo
allá en la opuesta orilla.
Medrosa recatándose
de la mirada impura,
desaparece rápida
en la floresta oscura.

Yo llego, nado, busco,
recorro el bosque entero,
sin perdonar ramaje,
sin olvidar sendero;
mas todo, todo en vano,
buscando el bien que huía
me sorprendió rendido
la luz del nuevo día.
¡Y aun dudo, triste y misero,
si fue aquella beldad
aparición fantástica
o hermosa realidad!

Tom. Sueño fue, sueño fue;
yo también, ¡ay de mi!
entre sueños mil veces he visto
mujeres así.

 

 

 

Cuarteto
(La bruja, Leonardo, Tomillo y Rosalía)



Tom. / Ros. ¡Oh, ya está ahí!
Bru. ¡Ya estoy aquí!
Cual siempre a tu llamada
solícita acudí.
¿Qué quieres? Dí.
Leo. ¡Ah, perdonad!
No os llamé yo.
Bru. El son de tu bocina
el viento a mí llevó.
¿Quién me llamó?
Leo. Un mozo, cuya audacia
castigaré.
Bru. ¿Que es esto? ¿No estás solo?
Tom. ¡Ay, Dios! ¿Qué haré?
¡Perdón, yo fui
quién os llamó!
Bru. ¿Quién eres tu?
Tom. ¡Pues yo - soy yo!
Bru. ¡Je, je! ¡Je, je!
Ya sé, ya sé.
Leo. Tanta osadía
castigaré!
Bru. ¡No, déjale!

Esta tarde en el campo,
me hiciste un favor
y yo quiero pagarte
con otro mayor.
Cuando tu me has llamado
por algo será.
¿Qué deseas? ¿Qué pides?
Vamos, dilo ya.
Tom. (Como tu no me ayudes
nada le diré.)
Ros. (Pues yo estoy que no puedo
ni tenerme en pie.)
Bru. Nunca a nadie hice daño,
no tembleis así.
¿A qué viene ese miedo?
¿Qué queréis de mi?
Tom. (Basta ya de temores
y vacilación.)

Pues queremos, señora,
vuestra protección.
Ros. Por favor, concedednos
vuestra protección.
Bru. Dí si son dignos de ella.
Leo. Cierto que lo son.
Bru. ¿Para que necesitan
de mi protección?
Tom. / Ros. Por favor, concedednos
vuestra protección.

Tom. Soy un pastor de ovejas
muy desgraciado,
y estoy de esta muchacha
enamorado.
Mas como soy tan pobre,
su madre fiera
me ha dicho que no quiere
que yo la quiera.
Y aunque suplico y lloro,
dice que nones,
si no doto a la novia
en cien doblones.
Ciento lo menos pide,
¡válgame Dios!
como éste que esta tarde
me disteis vos.
Bru. / Leo. ¡Válgate Dios!
Tom. / Ros. ¡Válgame Dios!

Tom. Vos que tenéis ungüentos
para mil cosas,
y polvos que hacen curas
maravillosas,
¡por Dios, señora bruja,
dadnos un unto,
que el pecho de las suegras
ablande al punto!
Porque si no permite
que nos casemos,
esta y yo de tristeza
nos moriremos.
Si la madre no cede,
¡Válgame Dios!
que el entierro nos preparen
para los dos.
Bru. / Leo. ¡Válgate Dios!
Tom. / Ros. ¡Válgame Dios!
Bru. Yo un talismán poseo
y te lo voy a dar,
que ablanda, cual ninguno,
pechos de pedernal.
Tom. ¿De veras?
Bru. Si; no hay otro
conque se logre más.
Al golpe de mi báculo
le vais a ver brotar.
¿Cifrais en cien doblones
vuestra felicidad?
Pues bien, en esta bolsa
tenéis algunos más.

(Da en el suelo un golpe con el báculo
y cae un bolsón)


Tom. ¡Oh, qué decís!
Bru. ¡Cógelo ya!
Tom. ¡Soñando estoy!
Bru. No; que es verdad.
Tom. ¿Y es para mí?
Bru. ¡Pues claro está!
Tom. ¡Y es oro, ve!
Leo. (¡Cuánta bondad!)
Bru. Yo, desgraciadamente,
no puedo por mi edad;
mas ya que no me case,
¡cásense los demás!
Tom. No es bruja, es un santa,
debemos la adorar.
Tom. / Ros. A vuestros pies de hinojos -
Bru. ¡Muchachos, leventad!
Ros. ¡Tomillo!
Tom. ¡Rosalía!
Lo cierto es que me dan
deseos de reír
y ganas de llorar.
Bru. El oro siempre ha sido
soberbio talismán;
no hay magia en este mundo
con que se alcance más.
¡Dichoso el que lo tiene
sabiéndolo emplear,
y pródigo lo siembra
en bien de los demás!
Leo. (¡Se ve en los hondos surcos
de su arrugada faz,
un resto de hermosura
que aumenta su bondad!)
Tom. (¡No sé lo que me pasa,
no sé lo que me da.
¡Señor, so esto es un sueño
no quiero despertar!)
Ros. (Si es el creer en brujas
un pecado mortal,
de fijo, de esta hecha,
me voy a condenar.)